* De sol, espiga y deseo...
El final de mi mañana lo he pasado corriendo por un campo enorme de trigo recién segado. Y mientras corría y saltaba pisando cañas cortas y montones de paja donde antes había espigas, para frenar un caballo escapado, pensaba en los senderos de mis afueras.
En uno de mis sitios de recreo.
Ahora mismo estoy en uno de ellos, me decía a mí misma sonriendo, sin dejar de mirar a lo lejos y mojada bajo un sol quemador. Parando en seco unas veces con los brazos abiertos, y arrancándome otras mientras los agitaba clavando las puntas de mis botas para salir rápidamente de allí.
Ellos no se imaginaban lo que pasaba por mi cabeza mientras corríamos gritándonos ayudas. Y lo hemos conseguido. Han sido sesenta minutos de carreras, saltos, avances y parones que nos han dejado agotados. Agotados pero contentos.
Las sonrisas no nos cabían en la cara mientras caminábamos junto al caballo. Mojados de sudor. Él también. Y nosotros con la camiseta pegada a la piel. Sonrisas gigantes convertidas en risas bajo el agua fresca de la ducha con el caballo escapista. Y una cocacola helada en la mano.
(Me prometo traer mañana el campo que he corrido y saltado hoy, y que me ha hecho sentir intenso uno de mis lugares de recreo.)
* El campo prometido
No hay comentarios:
Publicar un comentario