lunes, 14 de julio de 2014

Atardecer



  

Te he contado alguna vez que soy de esas personas que mete 
el coche en el primer hueco que encuentra, 
si el atardecer me pilla en la carretera y sin prisa?
Me invaden las luces anaranjadas que incendian el horizonte 
y la amalgama de colores tan exquisita.
La despedida de las últimas luces del día. Y el silencio...
No quiero perdérmelo.
El atardecer me sabe a vida, a esperanza de reencuentro, 
a la necesidad de un abrazo. Me sabe a versos.
Como este cachito maravilloso de poesía nerudiana  que he recordado 
durante este atardecer:
-Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

En ese momento 
echaba en falta beber 
un té verde con hierbabuena.
Y a ti...


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