En estos días siempre me pasa lo mismo desde hace unos años.
Una ráfaga de aire frío me recorre el cuerpo.
Ese aire helado se mezcla conmigo
y se caldea, y entonces sonríe, y me deja ver.
Y pensar.
Qué mundo tan maravilloso...
…recorro
los caminos,
me río a carcajadas
y somos los dos juntos
otra vez,
junto al agua.
Y somos los dos juntos
otra vez,
bajo el cielo estrellado
en el monte,
de noche... -Gioconda Belli-
Pero le quiero porque no se parece a nadie
no imita a nadie
no pretende nada
y porque es intenso
cuando ríe
cuando habla
cuando calla.
No hay nada en él que sea normal
que carezca de emoción
que no tenga altos y bajos.
Estar a su lado es como subirse a una montaña rusa
cuando baja, duele y da vértigo
cuando sube
es absolutamente imparable. -No sé quién sintió lo mismo-
Hace solo un rato que volvía de trabajar cuando me he encontrado con un rebaño de ovejas cruzando la carretera.
Me gusta cuando me encuentro con ellas, aunque esta vez creo que hasta lo he agradecido. Les he agradecido que me hicieran parar.
Quieta, observando su caminar perezoso, disfrutando de las carreras de los perros, he cogido aire, me he relajado y durante unos minutos me he convertido en todo un público disfrutando de una sencilla escena importante.
Aunque la verdad es que mis aplausos no eran para ellas, ni tampoco para los perros. Mis aplausos se han convertido en un saludo al pastor. Por estar ahí en el momento en el que yo llegaba.
Por estar ahí, en un hueco de sol entre las nubes.
Esos minutos, observándolo todo en silencio, me han dejado pensar en mi pequeño amigo gorrión, Josemari. Creo que ese ha sido el momento en el que de verdad le he dejado marchar.
Ahora descansa bajo el ciruelo al que se agarró cuando era pequeñajo
y decidió quedarse conmigo.
Bébete el cielo, Josemari, esquiva esos nubarrones
y extiende tus alas al sol.
Esto lo he hecho pensando en ti, pequeño gorrión
No te olvidaré.
Y aquí me quedo yo sin ti,
sintiéndote en cada sonido,
en cada brisa,
al amanecer,
en todos los atardeceres dorados,
escuchando mil veces tu canción.
Mientras tú precalientas el horno a 180º, yo mezclaré la harina con la levadura y la sal. Batiré por separado los huevos, el azúcar moreno
y la ralladura de limón.
Cuando esté bien batido, añadirás la leche.
Derretiremos a fuego lento la mantequilla y la incorporaremos a la mezcla húmeda poco a poco mientras bates.
Amasaremos poco a poco, sin prisas, juntos.
Cuando hayamos conseguido una masa uniforme, agregaremos el contenido del cuenco de la mezcla seca.
Mezclaremos las semillas de amapola con la masa.
Entreteniéndonos, sin prisas...
Tú introducirás la masa en el horno.
Cerraremos y esperaremos durante una hora viendo cómo la masa
crece dentro hasta explotar.
Solo
me bastará un poco de ese pan, un poco de cebolla y tu amor para
sobrevivir contigo en cualquier lugar del mundo, el resto de mi vida.
Ella que soy yo camina por el bosque, sonríe, se pone los dedos en los labios, se quita los zapatos para caminar por el agua, juega con su pelo, trepa a un árbol.
Se coloca entre un manojo de mariposas y come un arándano.
Ella que soy yo finge ser un ciervo.
Pero entonces, se encuentra con un ciervo real.
Y abraza al hermoso animal.
En ese momento el viento comienza a soplar.
Frente a ti observo todo mi mundo, mi futuro más cercano,
y no puedo escapar de él. Ni quiero.
Y vuelvo aquí en busca de refugio, como si hubiera una guerra
de la que huir. Porque en unas horas puede estar contenida
toda una vida, con cientos de acantilados nublados de marzo
y cientos de senderos floridos en una tarde cálida de abril.
Hoy es uno de esos días en que me apetecería vagar por París,
rumiando frases, frases que quizás en ese caminar tomaran forma.
Vagar por París en un punto intermedio
entre la tierra y el cielo, escribiendo.
Porque deseo contarme algo que tenga sentido.
Y entonces la isla.
La isla es el barco.
El barco eres tú.
Qué desastre soy, siempre buceando en un mar de contradicciones...
La foto es la última luna llena de invierno entre las flores del ciruelo japonés de mi rincón. Una de mis lunas llenas favoritas.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que nos encontramos en un abrazo?
La vida es increíble, te pone un polluelo de vencejo en tu camino
y se sienta a esperar a ver qué pasa.
Y él me lleva a ti.
Y a las palabras de Pablo Neruda.
La vida nos espera
a todos
los que amamos
el salvaje
olor a mar y menta
que tiene entre los senos.