Ayer llegó la nieve tan esperada, por fin!
Salté de la cama y esto fue lo primero que vi, todos los verdes se habían convertido en blanco.
Y a que no sabéis lo que hice? Salí volando a por mis pinganillos y les metí música a todo volumen!
Y me pasó lo de hace unos días, con mis pinganillos descableados empecé a bailar canturreando para mis adentros, con los ojos entornados, mientras la música se me llevaba las caderas y la nieve se me ofrecía tan blanca, tan limpia, tan auténtica.
Luego me vestí corriendo y salí a disfrutar esos verdes escondidos.
Hacía un frío que pelaba pero todo a mi alrededor era mágico.
Y el silencio, fascinante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario