Tu beso mordedor me ha dejado marca, pero no donde te imaginas.
Dientes afilados y viajeros que han mordido el fondo del alma.
Qué diferentemente iguales somos.
Tú y tus besos mordedores.
Y mis besos lentos con sabor a caricia y a saliva.
Besos que penetran suavemente en la piel.
Besos de ojos cerrados.
Húmedos.
Besos silenciosos y respiradores.
Y que te sorprendan en la ducha.
O tumbados en la hierba detrás de cualquier árbol.
Besos que nos dejen sin palabras.
Besos de dientes afilados y viajeros que muerdan el fondo de tu alma.
We are like
a snowflake, all different in our own beautiful way.
- Mamá, quiero un caballo...
No lo quiero de cartón, tampoco de madera, ni con forma de escoba.
-Mira, María, si piensas mucho en él, y lo sueñas, lo conseguirás.
Aquella noche, con cuatro años, me la pasé intentando no dormirme porque creía que si le hacía caso, si pensaba mucho en él, al amanecer estaría junto a mi cama.
La verdad es que no me engañó, aquella mañana no había ningún caballo en mi cuarto, pero entonces no entendí lo que me estaba diciendo.
Y tardé bastante en entenderlo, pero siempre pensaba en él.
Aquel sueño se llama Echo (se pronuncia Eco), es un silla francés, alazán tostado, precioso, y es uno de mis mejores amigos.
Con él he vuelto a ser yo, porque a su lado he recordado muchas cosas que me decía mi papis.
Me ha recordado que es bueno desprenderse de lo que no es importante,
y disfrutar de las cosas sencillas.
No dejes nunca de soñar.
Abre tu corazón y sueña, sueña mucho.
Sueña con los ojos abiertos, con los ojos cerrados, sueña aunque tu sonrisa se te llene de lágrimas.
Mientras su hermano gemelo, sano y fuerte, solo vivirá dos meses,
ella, ahora frágil y delicada, disfrutará siempre conmigo de todo lo que
nos encontremos por el camino.
Cuando me la pasaron envuelta en toallas sentí una ternura enorme. Cómo iba a rechazar ese cuerpito tan pequeño.
Mientras la miraba pensé en los años que he vivido en Madrid. Cuando todo lo que veía siempre estaba íntimamente relacionado con mi trabajo.
Solo me fijaba en la gente, en cómo caminaba, cómo vestía, cómo se movía, sus gestos, cómo hablaba. Mmm... y continúo haciéndolo.
Adoraba escaparme al bareto de enfrente a por un café bien espeso mientras disfrutaba pensando en cómo apretaría al siguiente proveedor...
Lo recuerdo con cariño y aunque a veces no puedo evitar echarlo de menos, ahora mi vida está llena de otros colores mucho más luminosos que las telas que se amontonaban sobre mi mesa.
Y mucho más apetecibles.
Con texturas nuevas que me fascinan cuando las descubro.
Ahora respiro aire fresco y me siento orgullosa de tener amigos especiales.
Es algo que no hubiera podido vivir desde el asfalto.
En cuanto crezca un poco y esté fuerte Candela vivirá con Jota y Jana.
Jota sigue siendo un burro especial, bueno, no sé cómo son los burros pero él es diferente. Es tierno y cariñoso y le encantan las caricias.
Sin duda es mi preferido.
Y Jana sigue insistiendo en dar la vuelta a mis camisetas y jerseises conmigo dentro.
Alguien dijo que en la vida hay que ser amable, flexible, educado, agradecido, solidario, responsable, honrado, cariñoso, amigo y compañero.
Un montón de cosas buenas, pero creo que por encima de todo
hay que ser un poco salvaje.
Porque solo entonces saboreas la vida en su estado más primitivo.
Vuelvo a traer a Lissie que lleva varios días sonando sin parar en mis pinganillos descableaos.
Mmm... sabes, me gusta cuando me dices: ¿Cómo está nuestra Candelis?
Pocas veces el camino que quieres recorrer te lleva a donde quieres.
Porque no eres tú quien lo decide.
Nunca sabes lo que la vida tiene planeado para ti.
Cuando menos te lo esperas viene y te desnuda, y te vuelve frágil.
Te acerca,
te enreda,
te mete tres volatines
y se ríe
mientras
se aleja.
Dejándote sin saber cómo será la próxima sorpresa.
Es entonces cuando lo acepto y dejo que las cosas fluyan,
me relajo y sigo adelante.
Resistirme solo me produce dolor.
“Entre las orillas del dolor y el placer fluye el río de la vida.
Sólo cuando la mente se niega a fluir con la vida y se estanca en las
orillas se convierte en problema. Fluir quiere decir aceptación, dejar
llegar lo que viene, dejar ir lo que se va”. (Sri Nisargadatta Majarj).
Echar de menos es sentir el alma disolviéndose en el aire. Es abrir los ojos y de repente no ver nada. Estirar las manos hasta el cielo y no tocar. -Anónimo-
Quería que me echaras de menos así de intenso.
Mucho más.
No, no me impresionas.
Pero yo también te he echado de menos...
Estaba triste porque no sabía si me admitirían a Beicon allí, en un cacho de bosque perdido a pie de los Pirineos. Protegido de cazadores y furtivos.
Tampoco sabía que varios meses después, la tristeza que sentía entonces sería ahora más alargada.
Porque te admitieron, Bei, pero no lo has entendido.
Que yo te eche de menos no es importante, pero que no lo hayas entendido tú, y no seas feliz, sí que lo es.
Cabías dentro de un roto de mis calchetinos de invierno, ¿te acuerdas?
Y eres tan buen tío que pronto hiciste amigos.
Uno de los mejores momentos era cuando me metía contigo en tu escondite.
Solo unos minutos y enseguida montabas guardia en la puerta.
Aunque me sigue espantando nuestro trato silencioso de yo te cuido
y tú me proteges.
Pero guardo con cariño nuestros ratos tranquilos al sol.
Los momentos con sabor a azúcar.
Aquel siete en el pantalón cuando te frotabas en mi pierna. No me dió miedo, calculaste al milímetro para no hacerme daño.
Solo fue una arruga que se enganchó en el colmillo.
Sigues sin querer saber nada de mí, pero sé que en el fondo estás así porque tú también me echas de menos.
Lo que no sabes es que dentro de un año tendré preparado para ti otro cachito de bosque, pero esta vez será aquí, a mi lado.
Y volveremos a estar juntos.
Quería poner música a este cacho de mi vida y solo se me ha ocurrido traer esta canción que mencanta.
Hace dos semanas no hubiera sabido explicar por qué me he liado
adoptando esta pareja de burritos.
Ahora sí que lo sé, y él lo explica maravillosamente bien:
"Creo que todos tenemos un poco de esa bella locura que nos mantiene andando cuando todo alrededor es tan insanamente cuerdo."
Julio Cortázar
Postdata Jota ya tiene dos meses y está fenomenal.
Hasta hace solo dos días la tierra te seguía alejando de mí.
Ahora me creo eso de que en solo unas horas
puedes marcharte o quedarte.
Pero Vida ha decidido darte una segunda oportunidad, Jota.
Disfrutarás del sol, de la lluvia, del arcoíris, de los paseos por el campo, del renacimiento de las flores en primavera, del calor insoportable del verano, de los atardeceres dorados de otoño, de la nieve en invierno.
Y nos reiremos del frío, Jota.
Gracias de corazón a todo el equipo que ha conseguido