domingo, 23 de agosto de 2015

Ese instante que no se olvida







Casi me sorprende el amanecer dibujando con el dedo palabras en el aire.
Dando forma al momento en que descubrí el viejo carro oxidado.
No sabía que siempre había estado ahí.
Fue la luz en las adelfas, estoy segura.

Con qué rapidez te lleva de un instante a otro la brisa cálida del verano...






 
Luego todo se volvió
 nombre propio
 silencio de mi voz tan lejos de su voz
 piedra
 brizna de hierba
 nube
 sonrisa de un amigo
 vaso de cerveza.
Todo caóticamente entrelazado.



jueves, 13 de agosto de 2015

La lluvia esperada



Maravillosa música para una noche lluviosa de estrellas.
Creo que voy a volver a tumbarme 
en el hueco que me dejan los árboles.






 

martes, 4 de agosto de 2015

Siempre regreso al atardecer







Hay días en los que necesito más espacio y escapo.
Cojo carretera y música y huyo todo lo lejos que puedo.
A ninguna parte.
Me gusta vagar sin rumbo fijo.
Necesito relajarme, sin pensar en nada, solo sentir.
Sentir intensamente la música, sentir el espacio, la soledad, 
la lejanía mezclada con rabia, con tristeza, con lágrimas.
Sentir la rugosidad del asfalto, el ronroneo del motor, 
la curvatura del volante sin esquinas ni aristas.
Respirar aire fresco, paisajes diferentes que a veces ni veo,
escuchando música sin parar.

Otras veces necesito vaciarme completamente.
Entonces fijo el rumbo y la carretera se convierte
en el recorrido más mágico de todos.
Y aprieto el acelerador corriendo a vaciarme de música,
de espacio, de lejanía, de rabia, de tristeza, de añoranza.
Para volver a llenarme.
Llenarme de fuerza, de alegría, de suavidad, de ternura, de contacto,
de tacto, de querencia, de impulso hacia arriba.
Sintiendo la fuerza debajo de mí. Movimiento de cuatro patas.
Y respirar tierra, sudor y cielo hasta reventar.





Huyo pero siempre regreso al atardecer.




Con una de las canciones más hermosas de Peter Gabriel.