Avanzo despacio, no me obsesiono con frases
ni busco palabras mágicas que agraden a quien quiera oírme.
Y lo llevo bastante bien cuando una frase no desea salir como yo quiero.
Simplemente la dejo ir.
No dejo pasar varios minutos para volver a ella
y encontrarle el cuerpo y ordenarle los huesos.
Buceo entre mis palabras, no ahondo en ellas
ni las investigo hasta verles las entrañas.
ni las investigo hasta verles las entrañas.
Al contrario, respiro y me distancio,
hasta que son ellas las que salen a buscarme.
hasta que son ellas las que salen a buscarme.
Entonces me ordeno, controlo mis impulsos,
buscando la manera más correcta de ordenarlas.
buscando la manera más correcta de ordenarlas.
Es cuando disfruto de verdad.
Y lo maravilloso de todo esto es saber que soy como quiero ser.
Quería describir lo que he sentido al volver a ver a Beicon.
Pero las palabras no han querido salir.
Solo puedo decir que nos hemos reconciliado.




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