domingo, 26 de agosto de 2018

El destino en un antojo

  


Los dos metros se pararon.
Y tú sentado mirando.
Sentada en el tren contrario
también te estaba mirando.
Sonreíste, sonreí y supe
que no estaba soñando.
Probé a cerrar los ojos
por ver si te evaporabas
y el destino en un antojo
te mantuvo en la ventana.
María, dije en silencio.
Luego volví a sonreír
y me di la vuelta en vuelo
pintando en el aire olores
revueltos como pañuelos.
Silbó el metro y de repente
entre la gente me fui
junto a tu ventana.
María, dije en silencio.
María, sencillamente. 






He destrozado tus versos, poeta.
Con ese sentimiento tan mío, tan desde las entrañas...





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