domingo, 26 de agosto de 2018

El destino en un antojo

  


Los dos metros se pararon.
Y tú sentado mirando.
Sentada en el tren contrario
también te estaba mirando.
Sonreíste, sonreí y supe
que no estaba soñando.
Probé a cerrar los ojos
por ver si te evaporabas
y el destino en un antojo
te mantuvo en la ventana.
María, dije en silencio.
Luego volví a sonreír
y me di la vuelta en vuelo
pintando en el aire olores
revueltos como pañuelos.
Silbó el metro y de repente
entre la gente me fui
junto a tu ventana.
María, dije en silencio.
María, sencillamente. 






He destrozado tus versos, poeta.
Con ese sentimiento tan mío, tan desde las entrañas...





miércoles, 15 de agosto de 2018

Jamás se regresa...




No te enamores de una mujer que lee,
de una mujer que siente demasiado, 
de una mujer que escribe.
No te enamores de una mujer culta, 
maga, delirante, loca.
No te enamores de una mujer que piensa, 
que sabe lo que sabe y además sabe volar; 
una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe 
o llora haciendo el amor,
que sabe convertir en espíritu su carne; 
y mucho menos de una que ame la poesía, 
o que se quede media hora contemplando una pintura 
y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política 
y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias.  
Una que no le guste nada ver la televisión. 
Ni una mujer que es bella sin importar las características 
de su cara y de su cuerpo. No te enamores de 
una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente.
No quieras enamorarte de una mujer así.
Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, 
se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella,
de una mujer así, jamás se regresa...
-Martha Rivera Garrido-




 


 No le hagas caso y abrázame hasta que huela como tú.






sábado, 11 de agosto de 2018

Tierno camuflaje








Esta mañana quería contarte que me he levantado temprano.
Que la lluvia de ayer ha bajado la temperatura, y el sol es más claro.
Quería contarte que no me he puesto guantes para sujetar las pocas tomateras que seguían esperándome, porque con la tierra mojada es muy fácil clavar las cañas sin llevarme sus astillas.
Y porque hace unos días me dijeron cómo quitar esas manchas oscuras que tiñen la piel cuando tocas sus hojas.
Abres un tomate verde, te frotas con su pulpa y la piel recupera su color.

Quería contarte que mientras miraba los tomates recordaba dos panes, de esos redondos y pequeños, calentitos, rellenos de tomate, cebolla y sardina desmigada, con aceite del bueno, un puñadito de perejil y un ajito muy picado.
Que me encantaría probarlo contigo entre los rosales, sentados a la sombra de los olivos.
Y que tú eligieras qué nos bebemos.

Esta mañana quería contarte que me atraganto con tantas cosas que no puedo contarte cuando no estás.






“Después de todo, te confieso que buena parte de esta carta un poco loca es algo así 
como un tierno camuflaje para disimular una sola verdad: te extraño.” 
- Mario Benedetti -