lunes, 31 de octubre de 2016

Sueña






- Mamá, quiero un caballo...
No lo quiero de cartón, tampoco de madera, ni con forma de escoba.
-Mira, María, si piensas mucho en él, y lo sueñas, lo conseguirás.
Aquella noche, con cuatro años, me la pasé intentando no dormirme porque creía que si le hacía caso, si pensaba mucho en él, al amanecer estaría junto a mi cama.

La verdad es que no me engañó, aquella mañana no había ningún caballo en mi cuarto, pero entonces no entendí lo que me estaba diciendo.
Y tardé bastante en entenderlo, pero siempre pensaba en él.






Aquel sueño se llama Echo (se pronuncia Eco), es un silla francés, alazán tostado, precioso, y es uno de mis mejores amigos.
Con él he vuelto a ser yo, porque a su lado he recordado muchas cosas que me decía mi papis.
Me ha recordado que es bueno desprenderse de lo que no es importante,
y disfrutar de las cosas sencillas.

No dejes nunca de soñar.
Abre tu corazón y sueña, sueña mucho.
Sueña con los ojos abiertos, con los ojos cerrados, sueña aunque tu sonrisa se te llene de lágrimas.









¡Echo y Jota ya son amigos!


  

jueves, 27 de octubre de 2016

Capricho en una noche de otoño







En una noche como la de hoy
me gustaría elevarme por encima de mí
y observarme desde lejos
cuando los pájaros
se arremolinan
antes de entrarme.




 



domingo, 9 de octubre de 2016

Una sorpresa que se llama Candela







Por fin!!! Lo estás consiguiendo, Candela!!
Mientras su hermano gemelo, sano y fuerte, solo vivirá dos meses, 
ella, ahora frágil y delicada, disfrutará siempre conmigo de todo lo que 
nos encontremos por el camino.
Cuando me la pasaron envuelta en toallas sentí una ternura enorme. Cómo iba a rechazar ese cuerpito tan pequeño.

Mientras la miraba pensé en los años que he vivido en Madrid. Cuando todo lo que veía siempre estaba íntimamente relacionado con mi trabajo.  
Solo me fijaba en la gente, en cómo caminaba, cómo vestía, cómo se movía, sus gestos, cómo hablaba.
Mmm... y continúo haciéndolo.
Adoraba escaparme al bareto de enfrente a por un café bien espeso mientras disfrutaba pensando en cómo apretaría al siguiente proveedor...





Lo recuerdo con cariño y aunque a veces no puedo evitar echarlo de menos, ahora mi vida está llena de otros colores mucho más luminosos que las telas que se amontonaban sobre mi mesa.
Y mucho más apetecibles.
Con texturas nuevas que me fascinan cuando las descubro.
Ahora respiro aire fresco y me siento orgullosa de tener amigos especiales.
Es algo que no hubiera podido vivir desde el asfalto.

En cuanto crezca un poco y esté fuerte Candela vivirá con Jota y Jana.
Jota sigue siendo un burro especial, bueno, no sé cómo son los burros pero él es diferente. Es tierno y cariñoso y le encantan las caricias.
Sin duda es mi preferido.






Y Jana sigue insistiendo en dar la vuelta a mis camisetas y jerseises conmigo dentro.





Alguien dijo que en la vida hay que ser amable, flexible, educado, agradecido, solidario, responsable, honrado, cariñoso, amigo y compañero.
Un montón de cosas buenas, pero creo que por encima de todo
hay que ser un poco salvaje.
Porque solo entonces saboreas la vida en su estado más primitivo.


Vuelvo a traer a Lissie que lleva varios días sonando sin parar en mis pinganillos descableaos.







Mmm... sabes, me gusta cuando me dices: ¿Cómo está nuestra Candelis?


jueves, 6 de octubre de 2016

El don de fluir






Pocas veces el camino que quieres recorrer te lleva a donde quieres.
Porque no eres tú quien lo decide.
Nunca sabes lo que la vida tiene planeado para ti.
Cuando menos te lo esperas viene y te desnuda, y te vuelve frágil.
Te acerca,
te enreda,
te mete tres volatines
y se ríe
mientras
se aleja.
Dejándote sin saber cómo será la próxima sorpresa.

Es entonces cuando lo acepto y dejo que las cosas fluyan,
me relajo y sigo adelante.
Resistirme solo me produce dolor.





“Entre las orillas del dolor y el placer fluye el río de la vida. Sólo cuando la mente se niega a fluir con la vida y se estanca en las orillas se convierte en problema. Fluir quiere decir aceptación, dejar llegar lo que viene, dejar ir lo que se va”. (Sri Nisargadatta Majarj).