Echar de menos es sentir el alma disolviéndose en el aire. Es abrir los ojos y de repente no ver nada. Estirar las manos hasta el cielo y no tocar. -Anónimo-
Quería que me echaras de menos así de intenso.
Mucho más.
No, no me impresionas.
Pero yo también te he echado de menos...
Estaba triste porque no sabía si me admitirían a Beicon allí, en un cacho de bosque perdido a pie de los Pirineos. Protegido de cazadores y furtivos.
Tampoco sabía que varios meses después, la tristeza que sentía entonces sería ahora más alargada.
Porque te admitieron, Bei, pero no lo has entendido.
Que yo te eche de menos no es importante, pero que no lo hayas entendido tú, y no seas feliz, sí que lo es.
Cabías dentro de un roto de mis calchetinos de invierno, ¿te acuerdas?
Y eres tan buen tío que pronto hiciste amigos.
Uno de los mejores momentos era cuando me metía contigo en tu escondite.
Solo unos minutos y enseguida montabas guardia en la puerta.
Aunque me sigue espantando nuestro trato silencioso de yo te cuido
y tú me proteges.
Pero guardo con cariño nuestros ratos tranquilos al sol.
Los momentos con sabor a azúcar.
Aquel siete en el pantalón cuando te frotabas en mi pierna. No me dió miedo, calculaste al milímetro para no hacerme daño.
Solo fue una arruga que se enganchó en el colmillo.
Sigues sin querer saber nada de mí, pero sé que en el fondo estás así porque tú también me echas de menos.
Lo que no sabes es que dentro de un año tendré preparado para ti otro cachito de bosque, pero esta vez será aquí, a mi lado.
Y volveremos a estar juntos.
Quería poner música a este cacho de mi vida y solo se me ha ocurrido traer esta canción que mencanta.