A las personas que me enredan
y se dejan enredar.
Ya estoy otra vez aquí, vuelta a mis cosas en este rincón querido y perdido entre montañas. Los días han pasado volando. Será porque yo siempre me encanto con los detalles y quizá por eso se me pasa el tiempo que ni me entero. Tengo que confesar que aquella mañana estaba nerviosa.
Pero me sacudí los nervios
y apretujada en el asiento dejé vagar la mirada.
Me encontré con unas imágenes que me maravillaron.
y apretujada en el asiento dejé vagar la mirada.
Me encontré con unas imágenes que me maravillaron.
Qué bonito es el cielo visto desde arriba
cuando lo combinas con una emoción gigante.
cuando lo combinas con una emoción gigante.
Y su tierra casi cubierta por nubes de algodón.
Llegar con los brazos abiertos, y todo dispuesto
para ser tocado, olido, y poder sentir...
para ser tocado, olido, y poder sentir...
Como cuando abrí el ventanuco
y descubrí todo lo que escondía fuera.
y descubrí todo lo que escondía fuera.
No podía dejar de mirar, de oler, de sentir,
y mi ducha se hizo eterna.
y mi ducha se hizo eterna.
Y al salir, notar el aire fresco en la cara.
Caminar por la hierba mojada entre colores engamados y desengamados en este Otoño cálido.
Me gustan las mesas redondas
sin bordes ni esquinas separadoras.
sin bordes ni esquinas separadoras.
Y que sus sillas nos esperen en silencio.
Me hubiera encantado escaparme mil horas para disfrutar y secuestrar mil rincones de su vida. Se me ensancha el corazón cuando lo pienso.
El vuelo de vuelta fue bastante movido y sentí enorme el alivio al pisar tierra.
A menudo las palabras se desvanecen y lo que realmente es importante no se dice. Son palabras guardadas que de alguna manera me hacen sentir el alivio del silencio. Es el momento de vaciarse para llenarse de más cosas.
Y volver a sentir.
Demsiado, demasiado, siempre demasiado.
Me gustan los instantes que le robé al tiempo.





