A la orilla del bosque
Llegas y antes de salir del coche suena esa canción que te paraliza.
No te da tiempo de coger la llave que cuelga de una trenza
de cuero marrón.
Te obliga a quedarte quieta, con los ojos abiertos y los sentidos dormidos.
Todos menos uno.
Solo consigues escuchar, escuchar y sentir.
Sentir el alma haciéndose un ovillo al compás de la música,
ahí, en el pecho, cerca de la garganta.
Buff... qué alivio que solo dure unos pocos minutos.
En medio del silencio te prometes que la próxima vez no te atrapará.
La trenza de cuero se balancea ahora en mi mano mientras camino
decidida sin mirar atrás.
decidida sin mirar atrás.
