Al atardecer
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere.
-Jaime Sabines
Si el amanecer es uno de mis momentos favoritos (a los que suelo llegar
tarde), el atardecer no se queda atrás, es exquisito. Y este sí que no me
lo pierdo. Da lo mismo en qué estación se vaya a dormir el día, y a qué
hora, o dónde me encuentre, nunca lo dejo pasar de largo porque me fascina, y es un placer vivirlo.
Es hermoso el paisaje de esos caminos que se recorren volando.
Acurrucada en un escalón con la espalda apoyada en la pared me abrazo las piernas mirando el horizonte ardiendo, el cielo encendido tiñendo las
nubes de amarillos, naranjas y rojos, hasta que se apaga.
Todos ellos mezclados eran el color de las cintas con las que Frida Kahlo se arreglaba el pelo.
Me gusta la comparación con Frida y sus cintas porque ella era toda pasión, y tal como la sentía la gritaba en susurros dibujados con los mismos colores intensos. Ella sí que sabía cómo hacerlo.
Ahora estoy escribiendo sin parar, como si de repente la inspiración se hubiera enamorado de mí.
Pero es el momento del silencio, y no hay palabras que consigan describir
la magia de ese momento.
El bosque y yo nos preparamos para entrar en la noche.
Tú allí y yo
en mi cama enorme haciendo la estrella.
No quiero hacer la estrella.
Me duelen los brazos
de no abrazarte.
Te quiero
conmigo
esta noche.
Todas las noches.
Porque en
mis noches blancas
te echo de menos
in
ce
san
te
men
te.